Rotilio en el cafetal donde corta palma camedor, Huasteca de Hidalgo

El día que no se corta

Octubre de 2026

Antes de que su equipo entre al monte, Rotilio pasa un día completo caminando cafetales sin cortar nada. No lleva herramienta. Va a mirar.

«Tienes que tomar un día, tienes que andar checando los cafetales», explica. «Tienes que checar primero, y ya después metes tu gente para que corte la palma de calidad.»

Le preguntamos si no es más simple entrar directo y cortar. La respuesta es inmediata: «No, la mera verdad no. Porque a veces te sale la hoja amarilla, o te sale hoja picada.»

Ese día de reconocimiento no produce nada. No hay rollos al final de la jornada, no hay nada que pesar. Es tiempo invertido en descartar: saber dónde no entrar.

Dieciocho años leyendo el monte

Rotilio lleva dieciocho años cortando palma y dieciséis seleccionándola. En ese tiempo ha trabajado tepe, cambray, chamal. «Trabajamos con muchos tipos de hoja», resume, y en esa frase cabe casi la mitad de su vida.

Hoy dirige un grupo de cuatro personas, a veces cinco. Levantar los rollos de un día les toma alrededor de seis horas.

Para armar ese equipo aplicó un criterio propio: todos tenían que haber sido seleccionadores antes. «Ya tienen experiencia. Ya fueron seleccionadores, por eso los ando trayendo. Porque también me entregan hoja de calidad.»

Es una decisión menos obvia de lo que parece. Un cortador que además sabe seleccionar descarta en el monte lo que de otro modo viajaría hasta la bodega para ser descartado ahí. El trabajo de selección empieza antes de que la hoja se corte.

El patrón

Hay un momento en que Rotilio se nombra a sí mismo. «Ahora sí, como soy el patrón, tengo que ver, tengo que checar primero para meter mi gente.»

Lo dice sin énfasis, como quien enuncia una obligación más que un cargo. Ser el patrón, en su definición, no es mandar: es ir primero y cargar con la decisión de dónde trabaja el resto.

Lo que pide

Al final de la conversación le preguntamos qué le diría a quien recibe su trabajo del otro lado del mundo. Se queda pensando y responde dos cosas.

La primera: «Nosotros nos dedicamos a esto. Le vamos a mandar una hojita de calidad.»

La segunda no se la preguntamos, la agregó él: «Que haiga más pedido, para que tengamos trabajo nosotros aquí.»

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La conversación se grabó en la Huasteca de Hidalgo, en medio del cafetal donde Rotilio y su equipo estaban cortando esa semana.